Los marinos portuenses vuelven a procesionar sobre sus hombros a la Alcaldesa Honoraria y Perpetua realejera tal y como hacen desde 1750.

 

El municipio de Los Realejos vivirá este domingo 28 de julio uno de sus días grandes del año, la jornada en que «presta a su Alcaldesa Honoraria y Perpetua, Nuestra Señora del Carmen, a los hombres de la mar del vecino Puerto de la Cruz para que sobre sus hombros protagonice la tercera procesión en su honor durante las presentes fiestas realejeras, tal y como viene haciéndolo cada año desde el año 1750, fallando únicamente a la cita en 1812 a consecuencia de la epidemia que afectó a esta comarca norte de la isla de Tenerife», anuncia el alcalde de Los Realejos, Manuel Domínguez.

Esta particular tradición de casi tres siglos y con protagonismo no sólo para Los Realejos, sino también para Puerto de la Cruz, «se encuentra en fase de estudio en el Gobierno de Canarias, con el expediente municipal ya presentado, para optar al ansiado título de Fiesta de Interés Turístico Regional, habida cuenta de las extraordinarias características de una longeva conmemoración que une a dos pueblos en torno a una misma imagen mariana», expresa la concejala de Turismo, Carolina Toste.

Argumenta el edil que “son un total de quince los medios de comunicación que han confirmado hacerse eco previo, durante o posterior de la celebración prevista para este domingo, varios de ellos de cobertura regional, con lo que sumado al trabajo de promoción desarrollado en los cuatro años precedentes conseguiremos alcanzar uno de los requisitos que exigen las bases de este tipo de reconocimientos, el conjuntar una serie de menciones en soportes informativos del ámbito al que se refiere la convocatoria, en este caso autonómico”.

Un año más los medios de comunicación locales, provinciales y regionales volverán a hacerse eco de esta festividad, y es que «demostrado queda el atractivo que supone que a los marinos de Puerto de la Cruz se les conceda el privilegio de cargar a nuestro preciado tesoro, la imagen mariana realejera que mayor fervor despierta, talla escultórica genovesa de Antón María Maragliano que es además desde 1985 la Alcaldesa Honoraria y Perpetua de la Villa de Los Realejos”, valora el concejal de Fiestas, José David Cabrera.

Así, las calles del núcleo realejero de San Agustín volverán a ser un hervidero de gentes venidas de todos los rincones de la isla, pues trasciende la expectación de estos dos municipios más allá de ellos, para presenciar este domingo 28 de julio una de las procesiones más peculiares de cuantas se celebran en nuestro archipiélago, la de la Octava del Carmen, en la que son los devotos de un municipio los que procesionan a la imagen de referencia de otro municipio.

Tras la celebración eucarística prevista para las 19:00 horas en el Santuario de Nuestra Señora del Carmen, que estará cantada por el grupo Tigaray, la procesión con la imagen de la Alcaldesa Honoraria y Perpetua de Los Realejos y también considerada patrona de la gente de la mar y de todo el Valle de la Orotava, recorrerá las calles de San Agustín, La Alhóndiga, La Virgen, García Estrada, El Mar y El Carmen, y lo hará como es tradición entre los cánticos de los marineros y los miles de fieles que la acompañarán en todo momento, así como la exhibición pirotécnica a cargo de los Hermanos Toste.

Según Manuel Domínguez, “es una suerte ser realejero, ser vecino de este Norte de la isla, y vivir cada año el inusual hecho de que un municipio de brazos abiertos como el nuestro preste a su venerada imagen a los vecinos de otra localidad para que la carguen en procesión y cumplir así con este pacto no escrito de casi 270 años de tradición”.

“No sólo la intacta belleza artística de la talla de Nuestra Señora del Carmen y la larga devoción que ha extendido más allá del municipio, sino ser desde 1985 la Alcaldesa Honoraria y Perpetua de Los Realejos y el hecho de que en el día grande de su festividad, en la llamada Octava del Carmen, sea portada a hombros por los marineros y pescadores llegados del vecino Puerto de la Cruz al núcleo realejero de San Agustín, confieren a esta celebración el carácter de hito histórico y religioso y una particularidad sin parangón en Canarias”, reitera el alcalde realejero.

Anecdotario de una tradición de dos pueblos

Según el investigador portuense José Javier Hernández, “cuando se acerca la celebración de la Octava de Nuestra Señora del Carmen, siempre a continuación de las fiestas patronales del Puerto de la Cruz, estas personas, de oficios diferentes pero relacionados todos ellos con la mar o la comercialización de sus productos, se pasa aviso en sus lugares habituales de reunión o de trabajo para quedar, de esta forma, citados en Los Realejos la tarde en que tiene lugar la procesión de los marinos. Algunos asisten antes a la ceremonia religiosa del Día de la Virgen”.

Llegada ya la fecha principal, los portuenses, que llaman cariñosamente, a esta imagen como “la Virgen de secano” entonan ante la patrona poco antes de organizarse la procesión la Salve Marinera, al mismo tiempo que contemplan, devotos, el rostro espléndido de la escultura dirigiendo repetidamente hacia ella sus brazos como muestra del cariño y respeto que les merece.

Existe, aún hoy, la creencia de que los realejeros colocan bajo las andas piezas de metal que aumentan el peso, para que el movimiento con la imagen no sea tan brusco. Haya cierto o no en el pasado, es éste el motivo por el cual uno de los del Puerto examina, de forma discreta, el interior de la mesa del trono, bajo las cuelgas de damasco.

Junto a los cargadores, sus familiares más cercanos acompañan a la imagen por las calles de San Agustín. En torno a todos ellos surge una sucesión de muestras de afecto, gritos y vivas de exaltación a la Virgen. Dentro de esa atmósfera, mezcla de devoción y alegría, no ha de faltar la petición piadosa dicha con peculiar estilo, en parte serio y en parte humorístico, que es característico en el hombre isleño.

Es evidente que en la Octava, los marinos portuenses quieren, de alguna manera, sentir y hacer sentir a los demás que la imagen realejera del Carmen, al menos ese día, es más suya. Los habitantes de Los Realejos han aceptado siempre, con mayor o menor grado de aprobación, estas muestras de fervor que son el ofrecimiento de los hijos del Puerto a su Madre. Al fin y al cabo, tras los fuegos, ella habrá de volver, inequívocamente, a su casa en el Santuario que lleva su nombre en el núcleo realejero de San Agustín.