La localidad acoge más de 80 celebraciones organizadas  mayoritariamente por comisiones de vecinos en sus calles y barrios
El municipio de Los Realejos, con algo más de 37.000 habitantes, puede presumir de ser el pueblo más festivo de España. En sus apenas 57’5 kilómetros cuadrados, locales y visitantes pueden encontrar con algo más de ochenta celebraciones a lo largo del año, no siendo extraño que coincidan varias de estas celebraciones simultáneamente en rincones distantes del municipio, como por ejemplo durante este mismo fin de semana de agosto en el que los  núcleos de La Zamora, El Jardín, La Ferruja e Icod el Alto celebran sus fiestas mayores. En este último enclave se festeja a la que está considerada “La Candelaria del Norte”, la Virgen del Buen Viaje, que reúne a miles de fieles en sus procesiones el domingo y el próximo lunes.
Exceptuando las fiestas organizadas por el Ayuntamiento de Los Realejos como Carnaval, Fiestas de Mayo, El Carmen y Navidad, el grueso de las celebraciones son promovidas directamente por los vecinos de todos y cada uno de los barrios con sus respectivas comisiones, encargadas de obtener los fondos económicos necesarios y organizar el programa de actos. La devoción a la Cruz y a múltiples advocaciones marianas es el motor de la gran mayoría de ellas.

 
Según Manuel Domínguez, alcalde del municipio, “el gran patrimonio inmaterial que atesora Los Realejos se manifiesta principalmente en sus fiestas populares, que tenemos datadas ya en su amplia mayoría con una guía turística específica, un legado cultural  vivo y dinámico que no se cierra a lo nuevo y que pone de manifiesto la identidad y la forma de sentir y celebrar de un pueblo que mima unas tradiciones, que llevan en su memoria genética”.
Muchas de estas celebraciones, añade Domínguez, tienen más de cuatro siglos de existencia y son referentes en toda la comarca.
El regidor municipal, destaca el efecto dinamizador que sobre la economía  tiene un calendario festivo tan amplio, no sólo por la gran cantidad de visitantes que comparten estas celebraciones, sino también por los vecinos. “Somos un pueblo eminentemente mariano, pero en cada rincón te puedes encontrar desde una Cruz, la festividad por excelencia del municipio, hasta un chorro enramado”.
Un dato que resalta la importancia del espíritu festivo del realejero es que existen dos fiestas declaradas de interés turístico nacional, por un lado, la Romería Regional de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza y, por otro, las Cruces y Fuegos de Mayo, aunque ésta última aspira a conseguir en 2020 el de interés internacional.  Asimismo, se encuentra en su fase final el expediente para que la Festividad de la Octava del Carmen y su procesión de los marinos sea declarada Fiesta de Interés Turístico de Canarias.
Para la edil de festejos, Isabel Socorro “muchos estudiosos de este fenómeno social que son las fiestas realejeras consideran que son necesarias porque sirven para conectar a las personas entre sí, porque generan recuerdos comunes y esperanzas colectivas, afirman valores y son fundamentales para conformar el sentido de comunidad de un pueblo. Ellas son además una garantía para conservar tradiciones gastronómicas, citas deportivas, eventos culturales y manifestaciones etnográficas, haciéndolas participes a todos de manera accesible y conformándose como piezas clave de nuestro patrimonio cultural”.
Desde las Fiestas de San Antonio en Tigaiga, primera romería del norte de la Isla a mediados de enero, hasta las de San Martín de Porres, el 3 de noviembre, los barrios realejeros viven un festivo frenesí que alcanza su apogeo en estos meses de verano.